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Relatos mukenianos: La Pastora

lunes, 20 de diciembre de 2010

Les voy a transcribir un texto de mi escritor de cabecera, el filósofo-estilista Emmanuel Rokstij, quien, bajo la advocación de la chota mukeniana, dice:

Hace tiempo, por los '50, era famosa, acá en Rosario, la Pastora. Era una puta de aquellas que volvía loco a cualquiera. Supo ser modista en su temprana juventud, pero un par de malas inversiones (puso al revés la tela) la llevó a prostituirse para bancar su casa. Pudo saldar sus cuentas, pero le gustó la nueva vida y le dio para adelante. Eso sí, buscó especializarse y se recibió de Técnica mamadora, con altas calificaciones. Igualmente, le puso su impronta y las chupadas ya no fueron como antes, donde las minas se arrancaban los dientes para satisfacer mejor a sus clientes. Impuso un estilo que se extendió allende las pampas.
Hete (no pete) aquí que la Pastora era peronista recalcitrante y desde la Dirección Nacional del partido la mandaron a buscar para que le sacara información a los gorilas con su arte, misión que cumplió con gusto.
Creció tanto su prestigio que, en medio de la disputa (no hecha pública) con el Paraguay por una pulpería ubicada en Formosa (los paraguayos la reclamaban como suya porque la clientela era mayoritariamente "patas sucias"), se la convocó para apaciguar los ánimos.
En medio del debate diplomático entre ambas potencias, irrumpió al grito de: "¿A quién hay que chupársela para que se termine este quilombo?"
Demás está decir que se anotaron todos, paraguas y argentos por igual. La Pastora los despachó en tiempo récord y se llegó a un acuerdo satisfactorio.
El General en persona la quiso agasajar y cuando le estaba poniendo una condecoración en la goma izquierda, la Eva (presente en la ceremonia) lo cazó al Pocho tirándole onda a la rosarina petera. Desde ahí le hizo la cruz a nuestra heroína, quien no pudo entrar nunca más a la Rosada.
De todas formas se dedicó a la actividad privada y supo regentear whisquerías, saunas y demás, con relativo éxito económico, hasta que la muerte la alcanzó a la temprana edad de 84 años, cuando, creyendo que se lo estaba felatiando a un juez, quedó sin aire dándole matraca a la punta del respaldar de su cama de bronce.
Ya no veía tan bien.

Que la Pastora me la chupe
antes de que me muera,
te deja la chota sin sangre
y los ojitos pa' juera.

Sevemo.